
El origen de la iglesia de San Pablo se remonta a la época del rey de Aragón Alfonso I el Batallador. Este rey, con la colaboración de señores feudales aragoneses, riojanos, navarros y del otro lado de los Pirineos, reconquistó Zaragoza a los árabes el 18 de diciembre de 1118.
Seguramente fueron los conquistadores norteños y franceses quienes introdujeron y difundieron la profunda devoción que profesaban a San Blas (y a San Miguel Arcángel), que se extendió con suma rapidez y llevó casi de inmediato a erigir al primero una ermita en las afueras de la ciudad, entre la muralla romana y la árabe. En años posteriores tales parajes fueron escenario de hechos decisivos, que determinaron el nacimiento de un nuevo barrio:
1218. Jaime I el Conquistador, hijo de Pedro II y asimismo rey de Aragón (desde 1213 hasta su muerte en 1276), confirma el poblamiento y decreta que en dicho lugar se ubiquen el mercado de la ciudad, los almacenes reales de los granos y la sal y la tabla de cobranza de los derechos reales.El aumento demográfico experimentado por el barrio, que mercaderes, artesanos, agricultores y órdenes religiosas seguían poblando en número creciente, fue lo que aconsejó dotarle de su propia Parroquia, convirtiendo para ello la antigua ermita en iglesia parroquial. Esto supuso, además, que el asentamiento conocido en principio como «Población del Rey» y después como «Barrio de San Blas» empezara a denominarse «Barrio de San Pablo», nombre que en nuestros días sigue manteniendo. Pocos años más tarde, por resultarles ya demasiado pequeña para la celebración de los cultos, los parroquianos decidieran demoler la ermita y elevar un templo de mayores dimensiones: el que hoy, con diversas transformaciones, es nuestra casa espiritual.
Temas relacionados