
El mudéjar es un estilo artístico que sólo existe en España y, aun en ella, en determinadas áreas geográficas; sus mayores exponentes se dan en Aragón, en concreto en las provincias de Teruel y Zaragoza. Nació durante la Edad Media, hacia el siglo XII, y pervivió hasta aproximadamente el XVII. Su origen y nombre deriva del tiempo de la Reconquista: mudéjar, del árabe mudáğğan, es un término que significa "aquél a quien se le ha permitido quedarse", e identifica a los musulmanes que, mediante pactos o a cambio del pago tributos especiales, obtenían permiso para continuar residiendo y practicando su religión en los territorios reconquistados por los cristianos.
En Aragón las canteras de piedra eran ―y son― escasas, por lo que en las construcciones se utilizaba generalmente un material de sencilla fabricación y mucho menos costoso: el ladrillo. Perfectos conocedores por su ascendencia árabe de las grandes posibilidades constructivas y decorativas que ofrecían tanto el ladrillo como el yeso, y dotados además de gran habilidad y gusto artístico, los mudéjares resultaban ser los alarifes ―arquitectos o maestros de obras― idóneos para la construcción de edificios, entre los que por supuesto se encontraban las iglesias. La de San Pablo de Zaragoza es ejemplo de ello y también de que, aun no compartiendo credo religioso, no había obstáculo alguno por ninguna de las dos partes para que fuesen musulmanes, es decir, personas que practicaban el islamismo, quienes proyectasen y edificasen templos dedicados al culto cristiano; toda una lección, en verdad, de respeto mutuo, tolerancia y convivencia social.
Esta circunstancia es precisamente a la que alude la UNESCO en el documento donde determina la declaración como Patrimonio Mundial de los monumentos aragoneses de estilo mudéjar más destacados (entre ellos el conjunto formado por la torre e iglesia de San Pablo), ya que su construcción es «consecuencia de las condiciones políticas, sociales y culturales particulares que prevalecieron en España después de la Reconquista». Tal declaración se sustenta en el Criterio IV de las normas por las que se rige la UNESCO para la selección de bienes susceptibles de ser incluidos en la relación mundial de catalogados (World Heritage List), que reza así: «Criterio IV. Por ser un ejemplo excepcional de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico o tecnológico o paisaje que ilustra un periodo significativo en la historia humana».
El número de edificaciones mudéjares aragonesas que ha llegado hasta nuestros días puede cifrarse en torno a 160, siendo iglesias y torres-campanario la mayoría de ellas. En Zaragoza capital además de San Pablo hay otros monumentos de dicho estilo: los restos mudéjares del palacio de la Aljafería y el ábside, parroquieta y cimborrio de la catedral de La Seo ―todo ello declarado también Patrimonio Mundial por la UNESCO―; las iglesias y torres de Santa María Magdalena, San Miguel de los Navarros y San Gil, y el monasterio de la Resurrección (regentado por las Canonesas del Santo Sepulcro). En el interior de la iglesia de Santiago el Mayor y en la del antiguo convento de las Fecetas quedan también todavía restos de su pasado mudéjar.
Si bien ciertos elementos pueden presentar reminiscencias góticas e incluso ya renacentistas por influencia de los estilos arquitectónicos imperantes en Europa durante las épocas en que se realizaron, en el exterior de toda construcción mudéjar se hace patente su raíz árabe por el uso creativo dado al ladrillo, que proyecta bellos contrastes de luz y sombra: dibujos geométricos, enriquecidos muchas veces con ornamentación de azulejos vidriados o cerámicas de reflejos dorado-cobrizos son sus señas de identidad más características. Los muros interiores de los edificios, también de ladrillo, se solían revestir con yeso o estuco, frecuentemente adornado con esgrafiados que se pulían y policromaban; en San Pablo se conservan algunos fragmentos murales de este tipo en los contrafuertes de la nave mayor.
Las torres-campanario mudéjares se caracterizan porque su base es poligonal —de cuatro u ocho lados, si bien la zaragozana Torre Nueva, construida a comienzos del s. XVI no como parte de un conjunto eclesial, sino para usos civiles, tuvo planta de estrella de 16 puntas—. En las ilustraciones se muestran, de izquierda a derecha, ejemplos de los tres tipos de bases, todos ellos correspondientes a torres erigidas en la ciudad de Zaragoza: iglesia de San Juan y San Pedro (ya desaparecida), iglesia de San Pablo y la ya mencionada Torre Nueva (lamentablemente, también desaparecida).
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Es destacable la semejanza entre las torres-campanario mudéjares y los alminares de muchas mezquitas antiguas, pero no debe extrañar: ambas, hechas por musulmanes, son los lugares elevados desde los que se llama a la oración; en las mezquitas el almuédano desempeña esta tarea desde el alminar, mientras que en las iglesias lo hace el sonido de las campanas.