Detalle del bordado del juego de ornamentos de Santo Tomás de Aquino (s. XVII)

La fiesta de San Antón

San Antón (imagen que preside su retablo, s. XVII)Cuando se menciona a San Antón (en realidad, San Antonio Abad) casi siempre se añade: el Patrón de los animales; domésticos, cabría completar, aunque este concepto ha ido modificándose con el correr de los tiempos, pues hasta época relativamente reciente el patronazgo de San Antón se centraba en los animales llamados de labor, es decir, en los que ayudaban al hombre en sus trabajos (sobre todo de tipo agrícola), pero actualmente abarca el variado universo de los animales de compañía y las mascotas.

Tortuga (fiesta de San Antón)Para comprobarlo sólo hay que acudir a San Pablo el 17 de enero, fiesta del Santo. Gatos, perros, pájaros, peces, tortugas, conejos, hámsters e incluso gallos, iguanas, ovejas y caballos se aprietan en la plaza para recibir el agua bendita en la tradicional y multitudinaria Bendición de los Animales. Antes han paseado en la procesión por las calles aledañas del templo acompañando la imagen del Santo a los sones de una banda, y antes de la procesión han estado en la Liturgia de la Palabra que se celebra en la iglesia. Sí, en la iglesia: el 17 de enero es un día especial, tan especial que se les permite entrar y permanecer un rato en ella (si van con sus dueños, claro).

La fiesta de San Antón dentro de San PabloLas naves de San Pablo se convierten entonces en algo similar a otra nave, aunque mucho más antigua: el Arca de Noé. Ignoramos cómo se comportarían los animales en el Arca, pero si lo hicieron como lo hacen dentro de San Pablo, Noé tendría en ese aspecto una apacible navegación al surcar las aguas producto del Diluvio. Porque lo cierto es que los animales, en líneas generales, aunque en la calle puedan mostrarse algo nerviosos —seguramente excitados por la aglomeración y el bullicio— cuando entran en la iglesia se apaciguan y se portan muy bien; por supuesto se escucha algún maullido, ladridos y gorjeos, pero apenas algo más. Tampoco hay peleas; perros y gatos, por ejemplo, comparten los bancos sin que surjan problemas entre ellos, y los loros parecen petrificados por lo quietecitos que están. Milagrillos de San Antón deben ser estas cosas, porque si no, no se explican.

Pero si para los animales este es "un día grande", ¿qué decir respecto a sus felices dueños? No hace falta preguntar, basta observar el mimo con el que los conducen, el afecto con el que los abrazan, el esmero que ponen en acicalarlos. Antes hemos dicho que el día de San Antón las naves de San Pablo se asemejan a lo que debió ser el Arca de Noé, pero también puede decirse que el 17 de enero la moda destinada al reino animal se despliega como en una pasarela: lazos, cintas, sombreros, mantas, trajes, patucos... Véanse algunas muestras en las fotos, tomadas en los últimos años. ¡Que un día es un día, vaya, y los animales también tienen derecho a presumir en la fiesta de su Patrón!

Carioca (fiesta de San Antón) A la moda (fiesta de San Antón) De paseo (fiesta de San Antón)

Muy lejos quedan ya los tiempos en que los agricultores hacían desfilar ante el Santo sus caballerías, bien enjaezadas, para que recibieran la bendición (doble, porque a la del agua unían la de que ese día no se las hacía trabajar), Tau de los Antonianostan lejos como la comitiva de niños acogidos en el Hospital-Hospicio de los Antonianos que, agitando campanillas, anunciaban por la ciudad la venta de boletos para la rifa del cerdo que iban exhibiendo. El objeto del sorteo era recabar fondos para el sostenimiento del Hospital, y el paso del cortejo constituía todo un espectáculo: el cerdo iba engalanado con un paño rojo con la Tau (insignia de los Antonianos) bordada en azul, y los niños alternaban el sonido de las campanillas con el canto de este estribillo: «A real de vellón/el billete para el cerdo/de San Antón».

Hoy los tiempos han cambiado; el Hospital-Hospicio de los Antonianos ya no existe, ni hay niños campanilleros recorriendo las calles de Zaragoza al par que cantan coplillas para animar a que las gentes compren billetes. Pero el sorteo se sigue haciendo, y la venta de boletos también; ahora el real de vellón se llama euro, y el cerdo... pues es un cerdo bien cebado, igual que antes. Y vivo, no sacrificado o transformado en jamones, morcillas ni chacinería diversa; ahí sí que no ha cambiado nada.

Bendición de los Animales (año 2008)¡Eh, no te alarmes, amigo lector, porque la Hermandad de San Antón (que es quien lleva siglos organizando lo que aquí te relatamos) lo tiene todo previsto! ¿No puedes hacerte cargo del cerdo así, tal cual, si te toca en el sorteo porque en tu casa no tienes un sitio aparente para él o, aunque lo tengas, no entra en tus propósitos la convivencia con tan aprovechable animal? Pues entonces lee atentamente la letra pequeña del boleto y respirarás aliviado: «Al agraciado, si no le interesa el cerdo, se le abonarán quinientos euros». Has leído bien: 500 euros; eso ya es otra cosa, ¿no? ¿Que dónde y cuándo puedes comprar los boletos? ¡En San Pablo el día de la gran fiesta de San Antón, naturalmente!