
Etapa I | II | III | IV | V | VI | VII | VIII | IX
Al que puede fortaleceros en el evangelio que yo anuncio, en la proclamación de Jesucristo y en la revelación del misterio mantenido en secreto desde tiempo eterno, pero manifestado ahora por los escritos proféticos, dado a conocer a todas las naciones por orden del Dios eterno para que abracen la fe, a Dios, el único sabio, por medio de Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Tú habías escrito: «El amor no pasa nunca». Jesús había dicho: «No hay mayor amor que dar la vida por los amigos». Amaste a Jesús y lo amaste para siempre. Amaste a Jesús y lo amaste con el mayor amor. Una vez que lo conociste, se lo diste todo, hasta la propia vida. Por eso eres para nosotros no sólo modelo de discípulo y de evangelizador; eres también modelo de amor y de fidelidad a Jesús. ¡De tal manera ocupó Jesús el centro de tu vida! En Roma, la puerta de Occidente, Pedro –el primero de entre los apóstoles– y tú –el primero de entre los misioneros– compartisteis una misma suerte: la prueba suprema del amor. Así la Iglesia os reconoce como sus dos grandes columnas en una misma fiesta, en una misma liturgia.
Cuando Jesús afirmó, a propósito de la prostituta, que a quien mucho se le perdona, mucho ama, podía haberlo dicho también de ti. Porque se te perdonó mucho, mucho amaste.
No me reservo nada, Señor; quise dártelo todo, y todo te doy. Porque soy tuyo por completo. Me hiciste tuyo y no soy de nadie más. Aquí me tienes; aquí tienes mi vida. Nada ni nadie de aquí me ata a ella. Sólo por ti he vivido desde que te conociera aquel día hacia Damasco. Acepta mi vida como mi última ofrenda de amor hacia ti. Amén. Gloria a ti, Señor Jesús.
| Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén. |