Origen y evolución de la iglesia de San Pablo

El origen de la iglesia de San Pablo se remonta a la época de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Este rey reconquistó Zaragoza a los árabes el 18 de diciembre del año 1118, siendo decisiva en la campaña la participación de numerosos señores feudales franceses, así como de cruzados.

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Muy probablemente fueron tales guerreros quienes introdujeron y difundieron en Zaragoza la profunda devoción que profesaban a San Blas, lo que condujo a que casi de forma inmediata a la toma de la plaza se erigiera una ermita dedicada al Santo en las afueras de la ciudad. En años posteriores aquellos parajes fueron escenario de hechos muy señalados, que determinaron gradualmente el nacimiento y desarrollo de un nuevo barrio:

Año 1210

El rey Pedro II dispone que se pueble el territorio cercano a la ermita.

Año 1218

Jaime I el Conquistador, hijo de Pedro II, confirma el poblamiento y decreta que en dicho lugar se ubiquen el mercado de la ciudad, los almacenes reales de los granos y la sal, y la tabla de cobranza de los derechos reales.

Año 1226

Este núcleo habitado, conocido hasta entonces como «Población del Rey», pasa a denominarse «Barrio de San Blas» por la ermita dedicada al Santo que había en sus terrenos.

Año 1259

Don Arnaldo de Peralta, obispo de Zaragoza, constituye la ermita en Parroquia bajo la titularidad de San Pablo, la incorpora al arcedianato de la Seo (la catedral) y señala su demarcación –límites territoriales–.

El aumento demográfico experimentado por el barrio (que mercaderes, artesanos, agricultores y órdenes religiosas seguían poblando en número creciente) fue lo que aconsejó dotarle de su propia Parroquia, y para ello la ermita se elevó al rango de iglesia parroquial. Esto supuso, además, que el asentamiento conocido en principio como «Población del Rey» y después como «Barrio de San Blas» empezara a llamarse «Barrio de San Pablo», nombre que actualmente sigue manteniendo.

Pocos años después...

La ermita era ya demasiado pequeña para la celebración de cultos, por lo que los propios parroquianos decidieron demolerla y erigir un templo de dimensiones acordes con su populosa feligresía.

Construido entre los siglos XIII y XIV, y ampliado por sucesivas necesidades de espacio desde el XV al XVIII, su resultado es el gran conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nuestros días.